La nada no es sólo sino un derrumbe de palabras que me destruye sólo un retazo embarrado de balbuceos y de intervalos inconexos cómo no me derramo en una interminable agonía de adjetivos cómo no me descubro destruída en ese puente indestructible de palabras si ese mismo silencio que antes construía intimidad ahora sólo vomita sobre nosotros macabras profecías Tu desaliento es como una tormenta unútil y ridícula que se desliza, reptando por mi piel y oscureciendo mis intentos dejándome en la nada arrojándome a la nada empujándome a la nada atormentadamente en la nada
Sombras y gritos habitan la noche de lágrimas en tu living Un ruido de ciudad golpea tu nombre en mi memoria El patio se ha llenado de flores y de cartas Cada rincón de esa casa se desangra como el poema de la enamorada de una sombra Pequeño niño del terror, aliento de fantasma, te entrego mi otoño más solemne Una tarde amante del viento amargo Y que ahora tus dedos puedan dibujar miles de ojos mansos Para disfrazarme de felicidad en el amanecer de cada noche huérfana Hoy no tengo gotas de certeza para invitarte a brindar a la luz de la razón Soy la ruina de boca y sonrisa que cruzó la calle a ciegas Entregando el alma y la bienvenida
Una mujer onyrica descubre
su visagra alada siempre a la misma hora,
esa hora en la cual estallan
las tormentas del alma.
Quizás su enfermedad sea
un sentido trágico del romanticismo.
En su camino va intentando resucitar
el brillo de cada instante
en el devenir del tiempo.
Padeciendo el eterno retorno.
Incansablemente.